¡ Volveremos a ser "bandoleros" !

Volvemos a los orígenes, ... a los principios.


En 1789, con aquella revolución burguesa, nacía el liberalismo como práctica política.

Así, frente a los partidos absolutistas, tradicionalistas o, simplemente, realistas ( de rey, no de "realismo") surgieron diversas concepciones del liberalismo : moderado, progresista, reformista, radical, democrático y, finalmente, republicano.

Con el tiempo, los absolutistas y tradicionalistas, convertidos ya en simples legitimistas, se reunieron y confundieron con los moderados y se llamaron monárquicos.

Y sí, desde 1848, con el nacimiento del movimiento obrero y su reflejo político en el desarrollo de los partidos socialistas y comunistas y, tras la revolución rusa, su asalto al gobierno de muchas naciones, los partidos burgueses debieron unirse, reunirse o coaligarse para poder resistir este empuje.

De este modo, los liberalismos progresista y conservador se olvidaron de matices y particularidades y, con distintas plasmaciones según los diversos países, apostaron por la formación de una única fuerza política que les englobase a ambos, admitiendo si no había más remedio la convivencia con pequeños partidos satélites coaligados : la CDU en Alemania, el Gaullismo en Francia, el Partido Conservador en Inglaterra, la Democracia Cristiana en Italia y la CEDA, la UCD y, finalmente, el PP en España.

Pero, ahora, tras la "Caída del Muro" en 1989 y, claro, poco a poco, el hundimiento de los partidos comunistas y socialistas (está todavía por ver el verdadero desarrollo del movimiento ecologista, antiglobalización y bolivariano ), estamos volviendo a los orígenes y a la diferenciación entre el liberalismo democrático ( Barak Obama ) y el liberalismo aristocrático ( George W. Bush ), ya sin el miedo a la "marea roja".

De este modo, tras aquella reunión de todos los partidos conservadores, liberales y democristianos en el Partido Popular Europeo y en la Internacional Conservadora, ideada por Jose María Aznar, se vuelve ahora a la diferenciación y David Cameron, junto a sus afines polacos y checos, se aparta del PPE y vuelve a ser un "tory" : "un "bandolero", orgulloso de serlo".

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